Mostrando las entradas con la etiqueta Violacion de Derechos Humanos en Cuba. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Violacion de Derechos Humanos en Cuba. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de abril de 2010

Elian, ahora rumbo militar en el regimen comunista.

El "balserito" Elián González en el congreso de jóvenes comunistas cubanos

Elian Gónzalez ahora tiene 16 años de edad (AFP)

05:15 PM La Habana.- El balserito Elián González, que hace 10 años protagonizó una encarnizada puja entre anticastristas de Miami y el gobierno cubano, participó este domingo en el IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), con uniforme de cadete, según el sitio oficialista Cubadebate. Con una corta referencia escrita, el espacio digital publicó tres fotos del joven, ahora con 16 años, con el uniforme de las escuelas militares "Camilo Cienfuegos", donde se estudia para oficial de las Fuerzas Armadas. El Congreso del que participó González llamó a enfrentar la "apatía" política y "desobediencia a las leyes" de parte de la juventud cubana. El joven fue centro de de una dramática saga de siete meses (diciembre 1999 a junio de 2000) cuando su madre lo sacó clandestinamente de Cuba en una precaria embarcación, que zozobró próxima a las costas de la Florida. El niño, que tenía menos de 6 años, se salvó agarrado a un madero, en tanto su madre y otras 11 personas murieron ahogadas. El menor, salvado por un pescador, fue entregado a parientes emigrados en Miami. El padre, Juan Miguel González, pidió desde Cuba su devolución, apoyado por el gobierno. Los tribunales estadounidenses fallaron a favor del padre, pese a un fuerte encono de los anticastristas, y el niño regresó a la isla en junio de 2000. La causa fue aprovechada por el líder cubano Fidel Castro para lanzar una ofensiva política denominada oficialmente "Batalla de Ideas". Mucha apatíaLa UJC llamó, ante el presidente de Cuba, Raúl Castro, a enfrentar la "apatía" política y "desobediencia" de parte de la juventud cubana y acusó al Parlamento Europeo de "hipocrecías asombrosas" por sus declaraciones contra la isla. "No podemos desconocer la existencia de un segmento de jóvenes que aunque no representen la mayoría de nuestra juventud dañan con sus actitudes y conductas los nobles propósitos de la obra revolucionaria", dijo la primera secretaria de la UJC Liudmila Álamo, según el telediario estatal, citó AFP. Álamo, que presentó el informe al IX Congreso de la UJC, que sesiona desde el sábado, señaló que se trata de conductas "como la desobediencia de las leyes, la apatía, el consumismo y la desmovilización", contrapuestas al socialismo. Decenas de miles de jóvenes cubanos no estudian ni trabajan desalentados por los bajos salarios, equivalentes a 20 dólares, y algunos prefieren dedicarse a actividades ilegales del mercado negro o a emigrar en busca de perspectivas, aseguró. "Tenemos el deber de atender y enfrentar enérgicamente" esas manifestaciones, dijo la dirigente, de 35 años. Los asistentes a la reunión también rechazaron, en una declaración "contra la mentira y el odio", la condena a Cuba emitida por el Parlamento Europeo, en relación con la muerte del preso político Orlando Zapata, de 42 años, tras una huelga de hambre de dos meses y medio en demanda de mejoras carcelarias. Europa "esconde bajo el desgaste de su culta imagen, las penas y desdichas de millones de jóvenes y niños con carencias y discriminaciones, para quienes jamás habrá resoluciones en el Parlamento Europeo", dijeron los jóvenes comunistas cubanos. Unos 800 delegados asisten al Congreso en representación de los 600.000 militantes de la organización juvenil del Partido Comunista (PCC), considerada por las autoridades la "vanguardia" de los 3,1 millones de jóvenes de la isla de entre 15 y 35 años. La cita, previa al varias veces postpuesto VI Congreso del PCC, debe marcar el papel de los jóvenes en los próximos años, cuando la generación histórica de Fidel y Raúl Castro, que bordea los 80 años, abandone el poder por razones biólogicas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Delincuentes, apatridas e hijos de la gran p...., asi llama Granma a los disidentes en huelga.

Granma acusa a Fariñas de delincuente y agente de EE UU
Granma encabeza la nota con la frase: "Cuba no acepta presiones ni chantajes" y afirma que "titulares malintencionados se esmeran en orquestar una campaña en favor del contrarrevolucionario"

Guillermo Fariñas, disidente cubano en huelga de hambre y sed EFE
El diario oficial cubano Granma cita hoy por primera vez, 13 días después de empezar, la huelga de hambre y sed del disidente Guillermo Fariñas, a quien llama agente de EE UU y delincuente común violento, al tiempo que ataca a los medios internacionales que informan del caso.Según el periódico portavoz del gobernante Partido Comunista, "la manipulación es tal que reportes periodísticos llegan a plantear que el gobierno cubano ha indicado que se deje morir a este asalariado de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana" (SINA).
Fariñas reclama la libertad de 26 disidentes presos en mal estado de salud y ha dicho a la prensa internacional que el presidente cubano, general Raúl Castro, ha dado orden de dejarlo morir.Según Granma, el disidente ha asistido a "actividades de todo tipo de la SINA y algunas sedes diplomáticas europeas que dirigen la subversión en Cuba, de las que recibe instrucciones, dinero y abastecimientos".El artículo asevera que la prensa internacional no ha dicho "ni una palabra sobre los múltiples esfuerzos de nuestros profesionales de la salud por asistir a esa persona".Fariñas sufrió un colapso hipoglucémico la pasada semana y fue atendido en dos hospitales públicos de la ciudad central de Santa Clara, donde le inyectaron sueros y azúcares en la carótida, tras lo cual recobró el conocimiento, volvió a su casa y siguió la protesta.El disidente cubano comenzó la huelga dos días después de que muriera en La Habana, tras un ayuno de casi tres meses, el también opositor Orlando Zapata, considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional.Los medios informativos de la isla -todos estatales- informaron de la muerte de Zapata seis días después, igualmente para calificarlo de delincuente común y contrarrevolucionario, y asegurar que los médicos hicieron todo lo posible por salvarlo.Granma encabeza la nota con la frase: "Cuba no acepta presiones ni chantajes" y afirma que "titulares malintencionados se esmeran en orquestar una campaña en favor del contrarrevolucionario".El texto refiere que Fariñas pasó "de una posición afín a la revolución a una conducta antisocial", que el primer hecho "que reveló el claro desajuste de su personalidad, y que no tenía ningún matiz político, ocurrió a finales del año 1995, cuando agredió físicamente a una mujer", por lo cual pagó tres años de cárcel.
"Para evadir la justicia -prosigue el diario oficial- inventó su primera huelga de hambre y poco tiempo después traspasó el umbral del activismo contrarrevolucionario".
Detalla que la segunda condena fue de cinco años y diez meses porque "golpeó fuertemente con un bastón a un anciano que había impedido un acto terrorista" y añade que en esa ocasión Fariñas "echa mano de nuevo a su método de hacer show: la huelga de hambre".
En 2006 "protagoniza un ayuno prolongado para exigir" a la telefónica estatal "el acceso a Internet desde su domicilio", dice el artículo.El diario tilda también al disidente de "vendepatria" y "asiduo reportero de la infame emisora nombrada Radio Martí (de Miami) y de otras estaciones anticubanas".Según Granma, por sus muchas huelgas de hambre, "el organismo de Fariñas se encuentra en un proceso de deterioro notable. Si hoy está vivo, hay que decirlo, es gracias a la atención médica calificada que ha recibido sin importar su condición de mercenario"."Existen principios bioéticos que obligan al médico a respetar la decisión de una persona que ha decidido iniciar una huelga de hambre", advierte la nota la cual señala que, "por tanto, de ningún modo puede forzársele a ingerir alimentos, como hacen cotidianamente las autoridades norteamericanas en las cárceles y centros de tortura de Guantánamo, Abu Ghraib y Bagram"."No es la medicina la que debe resolver el problema intencionalmente creado con el propósito de desacreditar nuestro sistema político, sino el propio paciente y los apátridas, diplomáticos extranjeros y medios de prensa que lo manipulan", sostiene Granma.

viernes, 26 de febrero de 2010

Human Rights Watch and the law in Cuba.

Imprisoned for 'dangerousness' in Cuba
By Nik SteinbergSaturday, February 27, 2010
Click. And then silence.

The Washington Post.

It was the sound I dreaded in my calls to Cuba. As I gathered testimony from relatives of political prisoners, I never knew what an abrupt end to the call meant.
Had the Cuban intelligence services cut the line, or was it just the shoddy phone system? I would call back immediately, often getting a busy signal or a recorded message that the number was not in service. If I found out what had happened, it was usually days or weeks later.
"A neighbor dropped by to check on me, someone sospechoso."
"I don't know, my phone just stopped working."
For months I made -- and lost -- these calls. Because Cuba does not allow visits from human rights groups, we are forced to gather information from phone interviews, reports from local groups and the rare copies of prison sentences smuggled out by visiting relatives.
For nearly five decades, Fidel Castro silenced virtually all forms of dissent in Cuba, locking up anyone who dared to criticize his government. After ailing health forced him to hand control to his younger brother in 2006, many hoped that repression would ease. But Raúl Castro has allowed scores of political prisoners arrested under Fidel to languish. One of those, Orlando Zapata Tamayo, died last week after an 85-day hunger strike, which he had undertaken to protest the conditions in which he was held.
Raúl Castro has also incarcerated scores more political prisoners, such as Ramón Velásquez, who completed a three-year sentence in January, but was reportedly detained again following Zapata Tamayo's death. I first spoke to Ramón's wife, Bárbara, on the phone last March. She told me how on Dec. 10, 2006, they had set out with their 18-year-old daughter, Rufina, on a "march of dignity" across Cuba to call for respect for human rights and freedom for political prisoners.
They marched silently, from east to west, sleeping on roadsides or in the homes of people who took them in. Along their way, police detained them, they were attacked and cars even ran them off the road. They kept marching. In January 2007, more than 185 miles from where they started, Ramón was arrested. He was accused of "dangerousness," tried in a closed hearing and sentenced to three years in prison.
Under Cuba's "dangerousness" law, authorities can imprison people who have not committed a crime on the suspicion that they might commit one in the future. "Dangerous" activities include handing out copies of the Universal Declaration of Human Rights, writing articles critical of the government and trying to start an independent union.
Bárbara and I spoke several times over the following months about her trips to visit Ramón in prison; about her son René, who took care of her; and about how Rufina had fled to the United States after her father's arrest.
My organization repeatedly sought permission to visit Cuba but never received a response. Eventually, we decided to go anyway. To minimize risks, we told no one we were coming. Last summer a colleague and I rented a car in Havana and drove east, conducting interviews along the way. We stayed nowhere for longer than a day.
When we arrived at the Velásquez home on the outskirts of Las Tunas, only René was there. Bárbara was on her way back from visiting Ramón in prison, he said.
We sat in a small kitchen with a dirt floor. Inside were two small chairs, a worn wooden table and a single-burner gas stove. A door opened on a room just big enough to fit a mattress and a dresser.
René told us he had not been on the march and did not consider himself political. But shortly after his father's arrest, he came home to find "Death to the worms of house 58," his family's address, spray-painted on the nearby bus stop. A week later, he was fired from his longtime hospital job. Members of the local "revolutionary defense committee" -- the neighborhood association connected with the Communist Party -- insulted him in the street and tried to pick fights. A man was assigned to watch him and his mother; he stood on their corner and followed them as they came and went.
René's girlfriend stopped talking to him on her parents' orders. So did most of his friends, who were warned by police that they would find themselves in trouble if they kept hanging around a "counterrevolutionary."
"It's like having someone plant a boot right in the middle of my chest and applying so much pressure I can hardly breathe," René told us. "Some days I wake up and I think: I have nothing. I am nobody. I have no dreams left for my future." We encountered this profound sense of isolation time and again in visits with the families of political prisoners.
Soon Bárbara arrived from her five-hour journey. Exhausted, she talked for a few minutes and then went to lie down.
"For weeks after they arrested my father, she didn't leave that bed," René whispered. The upside, he said, laughing, was that he'd been forced to teach himself to cook.
When we left, René insisted on walking us to our car. We headed down the dirt road outside their home, past neighbors who stopped their conversations and stared, and past the man on the corner, who trailed a few yards behind us. When we reached the car, René hugged us and asked us to pass a message to his sister, to whom he hadn't spoken in months: "Tell her we're fine -- not to worry."
As we drove away, I looked in the rearview mirror. René turned around and walked home, past the watchful gaze of his neighbors.
The writer is a researcher with the Americas division of Human Rights Watch.

jueves, 25 de febrero de 2010

Los Derechos Humanos en la Cuba comunista.

Los derechos humanos en Cuba
El exilio cubano reprocha el silencio sobre los presos de conciencia
La oposición considera insostenibles las políticas de acercamiento al régimen


La agonía y muerte de Orlando Zapata muestra la ferocidad del sistema represivo cubano y debería servir para sacudir la conciencia internacional sobre la situación de los más de 200 presos políticos en la isla. Ésta es la opinión expresada de forma casi unánime entre los exiliados cubanos en Estados Unidos y España, que insisten también en la necesidad de que los Gobiernos (y muy en concreto, el español) exijan de forma más enérgica al régimen castrista el respeto a los derechos humanos.
La disidencia se moviliza contra el régimen
EE UU pide la liberación de todos los presos políticos
Lula "lamenta profundamente" la muerte del opositor Zapata

"Las cárceles están llenas de demócratas pobres y negros", dice Montaner
El mismo día en que los analistas se aprestaban a evaluar en Miami los dos años de Raúl Castro en el poder y a conmemorar el aniversario del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el guión cambió bruscamente. "La muerte de Zapata es un crimen que nunca será olvidado, ni prescribirá jurídicamente en el futuro", declaró el congresista republicano Mario Díaz Balart. El régimen cubano, recuerdan en el exilio, había ignorado las gestiones a favor del preso que habían realizado en las semanas previas desde Hillary Clinton al Vaticano.
"La responsabilidad de la muerte de Zapata es de Raúl y Fidel Castro, porque ellos son los que determinan la vida y la muerte de los presos políticos", asegura Omar López, de la Fundación Nacional Cubano Americana. "Es una vergüenza que en el siglo XXI se permita que un Gobierno deje morir a un ser humano en esas condiciones sin que haya consecuencias".
Y las consecuencias pasan porque la comunidad internacional reaccione de forma enérgica. Díaz Balart cree que Barack Obama debe cesar en su política de acercamiento y concesiones unilaterales a Cuba. Pero las miradas del exilio se dirigen sobre todo a la UE, en el momento en el que España pretende poner fin a la llamada Posición Común, que condiciona cualquier acercamiento a la mejora en la situación de los derechos humanos.
"Esto debería convencer a la Cancillería española de que no continúe intentando desbaratar la Posición Común europea, que es uno de los pocos instrumentos de presión sobre la dictadura cubana", asegura el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner. "Es inexplicable que, después de casos como éste, el ministro Miguel Ángel Moratinos continúe insistiendo en que hay síntomas leves de apertura en Cuba. No hay ninguno, nada que no sea la más obvia dictadura estalinista". Según Montaner, no sólo va a haber más denuncias internacionales, sino que se recrudecerá el problema racial: "Es evidente que ya existe con la población negra, más del 50% del total. Ya están los casos de Óscar Elías Bizet, el Mandela Cubano, o de Jorge Luis García, Antúnez, pero es que las cárceles están llenas de jóvenes demócratas que además son pobres y negros".
La postura de la diplomacia española se ha hecho insostenible, coincide Antonio José Ponte, subdirector del digital Diario de Cuba, en Madrid. "La muerte de Zapata puede ser el principio del fin, no del régimen, pero sí de la benevolencia de una parte de la opinión pública".
En el mismo sentido se pronuncia, desde Barcelona, el escritor Ernesto Hernández Busto, director del portal Penúltimos Días. "Espero que la muerte de Zapata despierte la conciencia sobre la situación de las cárceles cubanas. Podría pensarse que Orlando Zapata se ha sacrificado por un ideal. Pero hay detalles que te dan otra perspectiva, como el hecho de que este hombre sufrió torturas y malos tratos en la cárcel. En octubre pasado, sin ir más lejos, lo golpearon salvajemente. Y le aumentaron la pena de tres a 36 años por su rebeldía, porque quería ser tratado como un preso de conciencia".
Lo terrible, añade Hernández, es el contraste entre las violaciones de los derechos humanos "y la anuencia de los Gobiernos latinoamericanos y de España con un régimen que hace lo que le da la gana. No pueden entenderse esas visitas a la isla sin que medie una sola declaración expresa a favor de los presos políticos".

El dia de hoy y el entierro prohibido.

El cadáver del preso político Orlando Zapata Tamayo fue sepultado hoy en el este del país con un gran despliegue de seguridad, mientras los medios informativos de la isla, todos oficiales, siguen sin mencionar el caso y ocultan incluso lo que dijo Castro
Fuentes de la oposición relataron que el entierro ocurrió al amanecer en Banes, pueblo natal de Zapata, "bajo un verdadero estado de sitio" que rige allí desde el martes, cuando el disidente murió en un hospital de La Habana. El preso político falleció al cabo de una huelga de hambre de 85 días para exigir un trato digno de "prisionero de conciencia", estatus que le reconocía Amnistía Internacional (AI).No se conocen mayores detalles de lo ocurrido tras el sepelio en ese pueblo de la provincia oriental de Holguín, casi mil kilómetros al este de La Habana.Según el portavoz de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), Elizardo Sánchez, Banes y los alrededores están "ocupados" por numerosos policías y agentes de la seguridad del Estado."Era como un pueblo tomado por el Ejército japonés en Filipinas", con todas las entradas de Banes y los lugares públicos muy controlados, apuntó.Fuentes opositoras vienen denunciado desde el miércoles las fuertes medidas de seguridad en Banes y otras poblaciones del oriente de la isla, y particularmente alrededor de la casa de Zapata, albañil de 37 años apresado en 2003. Según la CCDHRN, al menos 50 disidentes fueron detenidos en los últimos días o forzados a quedarse en sus casas para evitar su asistencia al velatorio y entierro.La oposición y la familia acusan de "asesinato" al gobierno que preside el general Raúl Castro y de haber retenido hasta después del mediodía del miércoles el cadáver de Zapata y de exigir a la madre, Reina Tamayo, que lo sepultara ese mismo día.Según Sánchez, la familia se sintió insultada, pidió la oportunidad de velar el cadáver y entonces, tras consultar a La Habana, los agentes de seguridad aceptaron finalmente atrasar el entierro, primero sólo unas pocas horas y finalmente hasta las siete de la mañana de hoy. Entre tanto, la prensa oficial cubana sigue sin informar de la muerte de Zapata y obvia incluso la declaración que hizo al respecto el general Castro cuando estaba el miércoles con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Castro afirmó que lamentaba el fallecimiento de Zapata, pero lo atribuyó a la confrontación de medio siglo con los Estados Unidos y dijo que en Cuba no se tortura, salvo en la base naval y prisión de Guantánamo, en respuestas a las denuncias que hizo la madre del fallecido."No hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base naval norteamericana de Guantánamo", dijo el mandatario cubano. No han publicado nada al respecto los dos diarios cubanos de circulación nacional, Granma y Juventud Rebelde, portavoces del gobernante Partido Comunista y de su rama juvenil, ni otros medios informativos estatales.El Ministerio de Relaciones Exteriores, en cambio, envió a los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana un comunicado con las palabras del jefe de Estado.Ambos tabloides dedican hoy las portadas y páginas interiores a las entrevistas de Lula con el general Castro y su hermano mayor y antecesor, Fidel, primer secretario del Partido Comunista, con profusión de fotos y títulos como "fraternal encuentro" y "fructífero intercambio". Lula también lamentó "profundamente" la muerte de Tamayo, en términos genéricos y en declaraciones al paso a periodistas del séquito que lo acompaña en su gira por México, Cuba, Haití y El Salvador